No merece la pena una mirada
si por ella llevas mil lágrimas derramadas.
No merece la pena ese te quiero
si por el debo de arrastrarme por el suelo.
No merece la pena el sacrificio,
cuando es por un cobarde.
No merece la pena, las noches desveladas,
por tener tu sonrisa, fría y despiadada.
No merece la pena, no la merece.
Procuré darte todo, más de lo que tenía;
Me entregué con locura, poseíste mi cuerpo,
mi alma, mi ternura, pero tardé en darme cuenta.
!Que no mereció la pena!

«Dedicado a las mujeres, que aman demasiado a hombres que nunca merecieron la pena.»

M.A. Manras


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