Orgasmo y longevidad

Cada día son más los expertos que aseguran que llevar una vida sexualmente activa y segura, sólo puede reportar beneficios a quien la practique.

Un último estudio al respecto revela que los hombres y mujeres que hacen el amor dos veces a la semana viven más que los que sólo mantienen relaciones sexuales una vez al mes.

Es un hecho ya suficientemente probado que la represión sexual puede originar problemas psicológicos. Lo realmente novedoso es que, según un trabajo publicado en The British Medical Journal, además podría tener cierta relación con un incremento de la mortalidad.

Desde un punto de vista científico, se ha demostrado que el sexo, como preconizan algunas culturas puritanas, no es algo pernicioso para la salud sino más bien todo lo contrario. Alcanzar el orgasmo, además de ser satisfactorio, es una actividad muy saludable que podría prolongar la vida de las personas.

Hace ya mucho tipo se esbozaron algunas teorías que sugerían que quizás existiese una conexión entre los orgasmos y la longevidad. Tratando de llegar a una conclusión definitiva, el doctor George Davey-Smith y sus colegas de la Universidad de Bristol se pusieron manos a la obra y comenzaron a realizar un estudio en la ciudad galesa de Caerphilly: 918 varones de entre 45 y 59 años se convirtieron en sus conejillos de indias.

Durante cuatro años fueron sometidos a un control médico completo y a una entrevista en la que se les preguntó la frecuencia con la que mantenían relaciones sexuales. Las respuestas variaban desde nunca hasta todos los días. Posteriormente, y a lo largo de diez años, se realizó un seguimiento médico, en el que se analizó la salud y los casos de mortalidad en este grupo de hombres.

Los resultados obtenidos por los científicos fueron verdaderamente sorprendentes. El riesgo de mortalidad se reducía en un 50% entre aquellos participantes que disfrutaban de una “alta frecuencia orgásmica”, es decir, aquellos que hacían el amor dos veces a la semana.

Sexo, analgésico natural

La explicación a este sorprendente resultado habría que buscarla en un estudio fisiológico de la sexualidad que fuera mucho más allá del aparato genital en sí mismo. El cerebro, las hormonas y el aparato cardiovascular, entre otros, juegan un papel fundamental a la hora de alcanzar el orgasmo. Sólo la excitación física preliminar produce pulso cardiaco acelerado, respiración más frecuenta y aumento de la irrigación de sangre en los genitales.

El placer sexual produce en el cerebro una descarga de endorfinas que potencia el sistema inmunológico. También conocidas como las “hormonas de la felicidad”, las endorfinas son una especie de analgésicos naturales con una estructura química similar a la del opio y la morfina, que infunden una sensación de bienestar y euforia.

Además de suponer una válvula de desahogo para el cansancio, estas sustancias elevan el umbral del dolor. Sin olvidar que el sexo es una saludable gimnasia en la que se ejercitan muchos músculos y disminuye los niveles de adrenalina, con la reducción de estrés y ansiedad que ello conlleva.

Todo parece indicar que, gracias a este estudio, la sabiduría popular ya no podrá volver a decir aquello de que todo lo que nos gusta “o es ilegal, o engorda o produce cáncer”. A partir de ahora, y siempre por prescripción facultativa, habrá que aumentar la “frecuencia orgásmica”.


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